DOSSIER DE LES ROQUES DEL MASMUT


- En tierras turolenses encontramos un lugar muy singular formado por un conglomerado de caprichosas formas, donde conviven un variado número de vías conseguidas con el tiempo y gracias al incuestionable magnetismo que desprende la zona. Desde medianos de los 80 una lenta peregrinación de apasionados aperturistas, ha acertado las líneas más atractivas abriendo desde abajo (unas pocas no) y resolviendo en libre la mayor parte de los itinerarios gracias a la increíble calidad del terreno. Es el Masmut, una escuela mágica donde la frecuentación no existe y su carácter sintoniza con un público adicto a la escalada de aventura principalmente.
A continuación disponeis de todas las reseñas de les roques del Masmut ordenadas de izquierda a derecha, para disfrutar ampliamente de sus dominios. Prácticamente en todas aparece la graduación original y el material recomendado por los primeros ascensionistas. Por lo general, las más repetidas son las que están más equipadas, pues el resto queda más limitado al exigir un grado obligado con los seguros distanciados. En definitiva, una de las mejores escuelas de conglomerado a nivel nacional, con el permiso de Riglos y Montserrat.

INTRODUCCIÓN

- Aun recuerdo el encontrar estacas clavadas en algunos primeros largos a cierta altura, remotos indicios para dar crédito a las leyendas de los locales sosteniendo posibles respuestas al misterio. Nos podemos quedar con el romántico desafío de casarse con la princesa cuanto más alta quedaba clavada la estaca, como la fábula que más se aproxima al hecho y confirma precisamente que no fuimos los primeros en escalar por estos lares. Como asiduo consumidor de conglomerados de todo tipo, tengo que reconocer por muchas razones que las Rocas del Masmut son un punto y aparte a la hora de abrir vía. Generalmente la roca es muy buena y gracias a su particular morfología, ofrece siempre tregua para progresar limpiamente en libre sin tener que recurrir al artificial. Después del privilegio de conseguir una buena docena de nuevas líneas en la zona -algunas mejores que otras-, todas presentan esa inconfundible denominación de origen combinada con el reto a no perforar por sistema. Esto les defiende claramente de la frecuentación y son cotizadas siempre al alza, con respecto a las generosamente equipadas que florecen últimamente en muchos puntos de Aragón, tristemente destinadas al consumo y al desgaste en general. Por suerte el Masmut se mantiene al margen de éste fenómeno, y por norma general -salvo puntuales excepciones- todas sus rutas ofrecen algo más que un vulgar slalom de chapas. Más de 50 vías constituyen el filtro invisible establecido desde medianos de los años 80, por unos protagonistas convencidos por mantener el carácter del lugar. Primero se conquistaron uno a uno sus arrogantes espolones, hasta que le llegó el turno a los muros laterales donde se vio que restaban unos trazados tan o más justificables por abrir. Repitiendo la bella vía del Picotasso pude estudiar perfectamente el camino de la futura vía Danuta Lato, descubriendo lo más asequible del lienzo aparentemente más inexpugnable de toda la zona. A partir de esto, la estrategia consistió en ceñirse por las ondulantes panzas que ofrecen los muros siguiendo las debilidades de la pared. Así aparecieron con una buena dosis de valor y empeño vías como la Terminator o la Paramainou, dos de las escaladas míticas de toda zona claramente reservadas a los más apasionados por el tema.
Al no haber escaladores locales al cuidado de la zona, el Masmut representó durante mucho tiempo un objetivo itinerante para todos aquellos cautivados por los misterios del Maestrazgo. Con ello muchos aprovecharon la oportunidad dejando huella en la pared, y en el libro de escaladas del bar Sociedad de Peñarroya de Tastavins, portavoz principal de la escasa actividad vertical de la zona. No fue hasta entrados en los 2000, que aparecieran dos buenos anfitriones como Santi Gracia y Diego Miralles Mija, capaces de llevar las riendas de un escenario destinado al olvido y al óxido. Gracias a ellos y cía. resucitaron muchos itinerarios mediante una exhaustiva restauración, que ya tocaba después de tantos años de existencia. Su estimable proceder me alivió al sintonizar perfectamente con la causa, sin transformar nada que pudiera alterar los conceptos básicos de cada escalada. Una conducta ejemplar basada en el respeto y el afecto hacia su escuela predilecta, afortunadamente fundamentada por una saga del mismo talante. Un pequeño joyero para conservar y ampliar, donde con seguridad habrá que emplearse a fondo para presumir de todo el trofeo. Desde clásicas a vías de coleccionista, en el universo del Masmut no existe la monotonía, cada vía representa un mundo aparte como sus enigmáticos perfiles dispuestos caprichosamente en el horizonte turolense. Hay que dejarse llevar por el terreno, descifrando un camino muchas veces tortuoso pero siempre efectivo para seguir adelante hasta la cima. Un lugar reñido con la moda mientras conserve el carácter y la magia que desprende, siempre y cuando entre todos sepamos preservarlo de todo aquello que pueda romper ese particular encanto que le diferencia del resto de escuelas. Si con todo ello os reserváis una visita de tanto en tanto, será que algo muy especial os aguarda a las afueras de Peñarroya, para cortejarlo en silencio y con mucha pasión.