ESCALADA DE OPINIONES



Vías transformadas

- Por norma general, las paredes y sus itinerarios de escalada, son un patrimonio de dominio público que hay que cuidar y respetar, de lo contrario perdemos todo  su carácter. Antaño, sólo los escaladores experimentados llegaban al oficio de aperturista. Ahora, cualquiera que sepa manejar un taladro, puede recrearse por la vertical dejando su huella para la posteridad. Hasta aquí todo correcto, cada uno tiene la libertad de hacer lo que le parezca, siempre y cuando no distorsione el talante de un lugar. Exíste una ética en la atmósfera, algunos la sintonizan, otros no. Es la grácia de la afición de subirse por las paredes, hacerlo con ilusión, respeto y unas mínimas reglas de educación.
Ya hace algun tiempo, con la típica escusa del reequipamiento, muchas vías han sufrido un cambio radical. Los artífices del invento, amparados con el visto bueno de sus aperturistas, han eludido toda regla para conseguir su propósito: transformar. Acaso los primeros ascensionistas son los dueños del itinerario, o más bien, los responsables de su éxito o fracaso? Sea lo que sea, habría que juzgar primero quien tiene el visto bueno para alterar la dificultad original de una vía. Una cosa es sustituir un buril viejo por un parabolt nuevo, y otra muy diferente sobreequipar un recorrido y variarlo caprichosamente sin motivo aparente. Quienes transforman, se deben creer que nos estan haciendo un favor, mientras aniquilan sistemáticamente el sello de una vía. Además, da la casualidad de que casi siempre son las vías clásicas las más afectadas, no se van a transformar un "callo" en alguna cosa mejor. Y lo peor del caso, que pocos protestan ante tal fenómeno, la sobredósis de chapas le va como anillo al dedo a la mayoría del personal, claro reflejo del pobre nivel coyuntural. Les estamos negando la oportunidad a próximas generaciones, de deleitarse con la esencia de muchos itinerarios y valorar la destreza de sus autores. Vías como la Anglada-Guillamón en la cara sur del Pedraforca, la José Antonio Sanz al Mallo Melchor Frechín, ó la Torrijo a la Visera en Riglos, entre muchas otras, son tres claros ejemplos de itinerarios totalmente transformados, y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Alguna razón tendran los polémicos "Talibanes de la roca", devolviendo a golpe de maza, la imagen real de muchas vias manipuladas con el tiempo.



                                                   El lenguaje del anclaje

- Entre otras cosas, podríamos considerar la escalada una auténtica artesanía que se manifiesta en forma de itinerarios, especialmente diseñados para subirse por las paredes. Lo que de entrada fue un puro afán por conquistar cimas vírgenes, le siguió la carrera de abrir vías cada vez más directas y elegantes para superar las mismas. A todo esto, la aparición de la expansión dejó invulnerable cualquier espacio rocoso a merced del capricho aperturista.
Irremediablemente, el terreno no cambia, y en las escuelas más famosas ya empieza a ser difícil encajar algo nuevo. Pero es precisamente en estos lugares, donde la trayectoria de la escalada se aprecia con más facilidad, gracias al silencioso lenguaje de los anclajes colocados en la pared.
Los más antiguos, acostumbran a ser los más sabios, pues tuvieron la fortuna de escoger el mejor camino a seguir y el lugar más estratégico. Normalmente están muy distanciados entre sí, a veces por la imposibilidad de pararse a ponerlos, a veces como prueba del buen dominio de la cordada. Después están los más atrevidos, de aspecto mucho más robusto, que defienden fielmente el estilo de los anteriores, pero con una dificultad mucho más elevada. Éstos, acostumbran a ser los menos usados, dado que sólo están al alcance de una minoría. Le siguen los anclajes más oportunistas, o sea, los que en pocas ocasiones aciertan el lenguaje de la pared. Mientras los agarres conducen hacia la izquierda, éstos se van a la derecha. Su errónea posición delata públicamente la mediocridad de sus autores, que colgados de estribos o descolgándose por arriba, los introdujeron artificialmente de todos modos. Y por último, están los seguros en cadena, los que podría colocar cualquiera de la calle sin tener ni puñetera idea de escalar. Se les identifica por su brillo peculiar y por su proximidad entre ellos. Son claramente un fenómeno social en auge, y su profusión un serio problema de impacto ambiental.
Si las chapas pudieran hablar... nos contarían la involución de la escalada en pocas palabras. Lo que empezó como la temeraria aventura de unos pocos locos, se ha convertido en un pasatiempo multitudinario para gastar los pies de gato y el magnesio. Consume, chapa, y sigue...






"Prohibido caerse"

- La escalada, como otras tantas actividades al aire libre, es una actividad que conlleva un riesgo palpable que cualquier profano entendería. Intentar eludir este factor, sería enfrentarse con la física, y hoy por hoy, aún no existe ningún artefacto astronáutico en las tiendas de deportes que burle la gravedad. En todo caso, existen unos materiales específicos para reducir el impacto en caso de una caída.

Mientras en la escalada deportiva el tema se soluciona sistemáticamente protegiendo escrupulosamente todos los pasos, en la escalada tradicional, aunque cueste de entender, la protección es más aleatoria, todo depende de las características del terreno y sobretodo del aperturista/as del itinerario. Nunca ha existido una norma concreta, cada uno soluciona la papeleta según su nivel y destreza, ofreciendo una aventura con más o menos exigencias. En los tramos fisurados no existe incógnita alguna, pero en las placas o lugares donde no hay posibilidades de protección ¿donde está la chapa? Acaso abriendo vía ha sido imposible colocarla en el sitio idóneo, acaso la dificultad no es tanta según el autor como para pararse a ponerla, o bien su estilo es reacio a perforar la pared, tres razones claves de la cuestión.
Así nace la escalada obligada, en el que no podemos ignorar el termino expuesto, un factor inversamente proporcional a las facultades del escalador, cuanto menos nivel más exposición. En otras palabras, cuando en una vía de tal grado nos dicen que los seguros alejan, nos exponemos a hacernos daño si no dominamos dicha dificultad. No por ello habrá que clasificar dicho itinerario de "expo", más bien nos tendremos que medir con el objetivo. Nadie nos obliga a subir por allí. Lo que para uno puede resultar peligroso, para otro solo puede ser peliagudo. Acaso no es peligroso volar, esquiar o bucear por poner tres claros ejemplos. Querer eliminar el factor riesgo de las vías, y con la excusa de su belleza hacerlas más asequibles, es poco más que impedir navegar en plena tormenta. La vida moderna exige de unas pautas de concentración que no nos podemos saltar, y en la escalada tampoco. La mayor parte de los accidentes en escalada, tanto clásica como deportiva, son por bajar la guardia, no por falta de parabolts.



    "Patinandus populus"

- Muchas veces no nos caemos en el típico paso de Vº por p... casualidad. Las manos se escurren, los pies se deslizan, y nos preguntamos inútilmente: ¿tenemos el día malo o estamos haciendo el ridículo?
Las escaladas más frecuentadas conllevan un problema añadido, que con el tiempo se acentúa más: el pulimento de la roca. Actualmente muchas de nuestras escuelas presentan este inconveniente que hay que asumir o evitar, pero, ¿como estarán dentro de tropecientos años? Además, cuanto más pulido más dificultad; hay que emplear más energía y por consiguiente el grado aumenta. Sera difícil encontrar una solución, pero lo evidente es que con los reequipamientos estamos acelerando el problema. No hace falta que la vía sea un "best seller", si hay parabolts en abundancia, tiene el éxito de taquilla asegurado. A la par, por intereses de unos y otros, las rutas clásicas cada vez están mejor equipadas. Suerte tienen esas vías consideradas "vetustas", que se defienden con su oxido y ferralla de la avalancha humana. Quizás la etiqueta de "clásica" tendrá que variar sus valores y otra generación de itinerarios tomar el relevo en las selecciones recomendadas. Lo cierto, es que la rugosidad es un bien escaso dentro del circuito de escaladas clásicas en todo el mundo, y cada vez somos más los usuarios del terreno.
Unas rocas se salvan más que otras, no se puede generalizar, pero el uso y abuso del magnesio aún acentúa más el proceso. Podríamos repartirnos más, huir de la vulgaridad descubriendo la belleza de otros itinerarios menos promocionados por la prensa. No solo las grandes clásicas son las mejores, simplemente son las que más se repiten, una especie de quiniela para tachar sabiendo de antemano el resultado. La escalada merece de más ingenio, aventura y compromiso, que seguir al detalle la descripción de un libro o la mísera estrategia de perseguir a otras cordadas. Salir de las pautas habituales puede aminorar el desgaste de las vías y ofrecer un respiro a  próximas generaciones, que de seguro, inventaran algo nuevo que nos devuelva la textura original de muchos itinerarios gravemente afectados. Con un poco de suerte, en un futuro próximo podremos llevar a nuestros nietos de visita a Lourdes*, para que conozcan de antemano esa horrible sensación de no poder agarrarse a la roca cuando más falta hace.

* En Lourdes encontramos un pulido exagerado, por el continuo contacto de las manos con la pared de la cueva del santuario. En argot de escalada, es normal referirse a ello cuando la roca resbala en exceso.






                                                            Taladro "a bordo"

- Todos sabemos cómo funciona y para qué sirve un taladro, solo hay que pasarse por un comercio especializado, y adquirir el que más nos convenga según nuestro bolsillo y necesidades. Lo que en un principio seria una máquina para el bricolaje, se ha vuelto una caprichosa herramienta para muchos escaladores, que hartos de picar con la maza, han encontrado una manera fácil y rápida de perforar la roca. La artesana manera de colocar expansiones a mano, ha quedado relegada a unos pocos románticos que se aferran a la antigua usanza, por nostalgia, sentido común, o dinero. Claro está que el aparato cuesta lo suyo, y cuanto más lo usamos, más gastamos. De la otra forma, para hacer un agujero nos lo pensamos dos veces, e incluso más, si necesitamos fuerzas para terminar una vía. La cuestión es colocar de una u otra forma, un hierro con su robusta chapa que quedará para la posteridad, para bien o para mal.
Antaño, lo de poner expansiones no estaba bien visto, era una ruin estrategia para conquistar lo imposible. Lo auténtico, ético y elegante era pasar sin ponerlas, si más no, utilizarlas como último recurso. Ahora, existen los dos extremos: los que defienden la integridad de la roca a capa y espada, y los que se despachan a gusto con la broca equipando vías largas a destajo. Estos últimos, que forman un considerable colectivo, son los más asiduos a la ferretería. Hay que estar al día de las últimas novedades del taladro más potente y ligero, unas propiedades que serán vitales a la hora de abrir en libre extremo por abajo, o para colocar colgados de estribos una chapa tras otra, y decir luego para colmo, que la tirada sale en libre. Puestos a hacerlo bien, ¿porqué no equiparla por arriba cómodamente?, utilizaremos menos chapas, los anclajes quedarán en su sitio, y ahorraremos batería. A la larga, ¿que mérito tiene una vía de estas características, donde poco hay que discurrir para escalarla? Las vías de artificial técnico, al menos, hay que calcular resistencias y pesos para no ir hacia abajo, pero lo otro, solo le falta un cable para convertirse en una ferrata.
El taladro pues, sigue siendo un nefasto artilugio en según qué manos, y en consecuencia, un pobre referente de la escalada "de oferta" actual. No estaría demás, concienciarse sobre su uso, y dejarlo en casa para las tareas domésticas. Para escalar en el monte, no son necesarios tantos trastos, pero aún hay quien los necesita.





                                                               El tiempo se acaba

- No vamos a generalizar, pero para algunos parece que el tiempo se les acabe. Correr por el monte, sea con zapatillas o con pies de gato, atrae cada vez más a un inquieto personal cuyas metas pulverizan cualquier parecido con la realidad. Si bien los maratones de montaña nos pueden más o menos asombrar actualmente, en escalada son noticia segura, todo depende de su difusión. Escalar rápido no es ninguna novedad, siempre han existido personajes muy agiles y valientes subiéndose por las paredes como prueba de su gran dominio y precisión. Con o sin cuerdas, la velocidad vertical es un fenómeno muy admirable, lejos de toda irresponsabilidad o locura. Pero no todo es cuestión de records, el stress cotidiano conlleva una sensación de carencia de tiempo que no nos abandona ni en el fin de semana. Lo que antaño suponía un romántico baile rozando la piel del paisaje, se ha convertido en un tecno-dancing en el que a duras penas vemos las reuniones. Una cosa es escalar de prisa, y otra muy diferente escalar con prisas, contestando al móvil como si no pudiéramos evadirnos durante un tiempo de la realidad. Además, disponemos de un material para ir cada vez más rápidos, más ligeros. Cuerdas largas y delgadas para enlazar tiradas, artilugios de todo tipo para eludir el pitonaje, cintas "tramposas" para anticiparse a las chapas, y como no, unos itinerarios generosamente equipados para correr y acertar la jugada sin misterios ni sorpresas. Con todo esto y el cúmulo de información existente al respecto, no es extraño que la gente corra por las paredes para asegurarse los objetivos de moda de cada lugar. Solo con ver la velocidad con que muchos cuelgan sus actividades en internet, denota el ansia por una historia cada vez más interminable, donde en la mayoría de los casos brilla más la cantidad que la calidad. No sólo es cuestión de escalar mucho, sino de escalar con el tiempo que se merecen, las diferentes joyas que nos ofrece la geografía vertical. Sonsacar todo el arte, carácter y refinamiento, de unas delicias de todas las épocas, cuyo recuerdo perdurará. Mientras muchas hay que escalarlas de verdad, otras ya son ofertas de fin de semana por las diferentes razones que todos sabemos. Si "el tiempo se acaba", lo más prudente será invertirlo en coleccionarlas, y no perderlo repitiendo los saldos que proliferan por doquier. Acelerar pues, pero con prudencia, por si hay algún radar a la salida de la reunión.







       "El Desencanto de la Libertad"


- Uno de los valores más significativos de la escalada es sin lugar a dudas su ideal de libertad. Con el tiempo, y a medida que un gran número de adeptos se ha sumado al tren de la escalada, la legislación vigente no ha tenido más remedio que regular esta floreciente actividad, para proteger los lugares sensiblemente más vulnerables al asedio humano. No por ello hemos dejado de hacer lo que nos da la gana, simplemente respetamos unas fechas, o hemos dejado de ir a lugares ahora prohibidos. Quien iba a pensar que todo esto llegaría tan lejos, cuando hace apenas 50 años los escaladores solo eran un reducido colectivo vinculado a la montaña, agregado a los centros excursionistas en su sección correspondiente. Desde entonces, el afán por conquistar los espacios verticales continua siendo una disputada carrera, donde las escuelas más cómodas o cercanas a los núcleos urbanos, son las más acosadas por todo tipo de personal vinculado o no a la montaña.
Primero fue el buril, luego el espit y posteriormente el parabolt, los hitos encargados de proteger y señalar por donde discurrían las vías, pues los itinerarios definidos por fisuras fueron los primeros en sucumbir con ayuda de pitones y tacos acordes con la época, sin necesidad de recurrir a la broca que todo lo soluciona. Con éste cóctel de anclajes apareció un nuevo deporte llamado re-equipamiento, cuyo objetivo será reforzarlo todo para que el personal no pase miedo, y con ello contribuir al mayor aforo de los trazados más solicitados, rebajados en algunos casos a un nivel más asequible lejos de su versión original. Itinerarios que se escalaban de tanto en tanto, pasaran a repetirse copiosamente los fines de semana, y hasta a diario, por su difusión y calidad.
Aparece el momento de amortizar el terreno, y si antes existía una distancia prudente entre las vías, ahora queda claro que para algunos hay espacio suficiente para encajar un nuevo trazado, como si no tuviéramos roca suficiente en este país para desfogarnos holgadamente. Así llegamos en la actualidad a unas escuelas bien conocidas por todos, donde prácticamente nos podemos dar la mano escalando por líneas distintas, y hasta en ocasiones asegurarnos con las chapas de la vía de al lado. Un parabolt tras otro cubren sin remordimientos los muros de muchas paredes, donde en su día fue todo un dilema desvelar sus debilidades haciendo patente la valía de sus primeros ascensionistas. Una auténtica aventura que algunos aún confunden con la vil estrategia de equipar desde arriba como mecánicos, como si de un rocódromo se tratara. Para ello no hace falta tener mucha idea y haber escalado durante años, se trata de "montar" para luego "pasar", en realidad no abrimos nada, y a la larga nuestro nombre solo queda penosamente ahí, para contarlo a los nietos en la posteridad.
Si los conceptos en la escalada libre se han distorsionado con la edad, en el precario tema de la escalada artificial no hay para menos. En vías extremas "non expansión", donde todo depende del grosor de un pelo, aparecen tallados para cobijar plomos o ganchos donde antes no había. Como si no se notara la roca esculpida para estos menesteres, que rebaja automáticamente a un grado menor la dificultad conseguida originalmente. Si todo esto lo hacemos abriendo nuestra propia vía no deja de ser vergonzoso pero discutible, pero hacerlo para repetir la vía de los demás es del todo imperdonable.
En definitiva, es el precio que pagamos por la libertad en la escalada. Libertad para decidir la distancia, la dificultad, el compromiso, o la manera de ejecutar nuestro objetivo sin normas ni control. Una libertad que en ocasiones hay que limitar para no faltar a la legislación y sobre todo al prójimo, de lo contrario, atentamos contra un colectivo con la misma libertad de equipar, desequipar, sikar o tallar. Respetemos pues el patrimonio vertical que es de todos, y lo demás es de sentido común.
Enero 2013






- Después de vivir más de tres décadas subido al tren de la escalada, puedo afirmar que su esencia ha sido manipulada claramente por unos intereses estrechamente unidos de una u otra forma al negocio económico, consiguiendo hacerla sostenible dentro del sistema. Lo que empezó como una arriesgada pasión marginal de unos pocos locos por conquistar lo desconocido, se ha transformado en un movimiento lúdico promovido socialmente en formato de rocódromo desde la misma escuela, con una trayectoria ascendente como en cualquier otro deporte de base. La denominada escalada deportiva inventada a medianos de los 80, consiguió encajar rápidamente los valores verticales más gimnásticos, eliminando todo riesgo y compromiso a favor del grado de dificultad puro y duro. Unos fundamentos que con el tiempo han arraigado paralelamente en la escalada de toda la vida, modificando sus pautas descaradamente en beneficio de un colectivo incapaz de alcanzar unos objetivos por méritos propios. Una escalada en roca homologada con normas de rocódromo, por si fuera preciso el acceso de la legislación en caso de posible altercado. A la par, los políticos han justificado unos salarios regulando o prohibiendo el terreno de acción, en defensa de unos problemas ambientales vinculados a la escalada que en la mayoría de los casos no se ajustan a la realidad. La cuestión es legislar el comportamiento humano sobre el medio natural, de tal manera que sea rentable a las arcas municipales. En muchas paredes se ha prohibido totalmente la escalada, para salvaguardar unas especies que en un tanto por ciento muy alto mueren intoxicadas en el llano por pesticidas agrarios. Es el dilema que conduce hacia una futura escalada en lugares predeterminados, y con un posible peaje como en la mayoría de las vías ferratas montadas a tal efecto.
Mientras, la escalada etiquetada como "clásica" (nunca peor dicho), continua más o menos firme a una ética pasional, cuya minoría de seguidores intentamos preservar como modelo de una tendencia en peligro de extinción ante lo anteriormente expuesto. Es la versión original, con una filosofía que consiste en no caerse particularmente, exigiendo de un dominio total que solo se consigue con metros de experiencia acumulada en todo tipo de situaciones. Si a todo ello le añadimos la ardua labor de abrir vía, tenemos un oficio cuya destreza, valor y creatividad nos cautiva por su alto grado de autenticidad. Son los extremos de una actividad en auge, cuya resonancia traspasa las redes sociales restando la magia, el misterio y la aventura que muchos desearíamos. La réplica de un sistema muy rentable saturado de una información no siempre veraz, para tener al vulgo comunicado y entretenido pagando la tarifa plana de rigor. Pese a todo, aun tenemos la gran fortuna de poder elegir el cómo, el cuando y el donde escalar, ignorando el ritmo de un mundo cotidiano carente de unos valores fundamentales para nosotros, que solo encontraremos encordados para conseguir un objetivo de la forma más intensa dentro de nuestras posibilidades.
En definitiva, en la actualidad escalar pueden ser muchas cosas y todas muy diferentes entre sí. Al iniciarse habrá que inclinarse hacia donde la magia penetre con más fuerza dentro de nuestro personal mundo vertical, y rechazar todo aquello que no concuerde con unos principios o una ética coherente que subjetivamente existe en todos los casos.

                                                   Armand Ballart (febrero 2014)

10 comentarios:

  1. Quanta raó tens! però com tot, es segons el color del mirall en que ho volem mirar... però que consti, que per a mi, tens tota la raó...
    Salut company!

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  2. Completament d'acord, Armand. Només falta que els que ho vulguin entendre o entenguin.

    Per cert! L'exposició no és directament proporcional al nivell de l'escalador? Més expo més nivell, menys expo menys nivell. Jo entenc el que vols dir, però... m'ha semblat raro com ho escrius.

    Cuidat i fins aviat.

    Parce

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  3. Muy interesante... a ver si diciendolo muchas veces se entera la peña que parecen sordos... ya está bien de tanta sobreequipación amparada en la restauración...

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  4. Completamente de acuerdo contigo Armand (mentalidad pirata),te felicito por tu blog

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  5. Tus argumentos,Armand, destilan no solo lógica y experiencia, sino que nos llevan a la comprensión de la razón por la cual escalamos. El debate no está solo en los foros, abierto y sangrante, sino en todas las zonas de escalada del país; quiero pensar que cada vez somos mas a los que nos queda un poco de lucidez.Saludos
    Carlos Jarque "el Jarque"

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  6. fa tot just una setmana vaig fer la "nova" j.a.sanz al frechin, i crec que el nom no se li escau. pel que vaig veure sols coincideix un tram del diedre del L4.
    sap greu el concepte del "totsival" que "quelcuns" apliquen a tot el que toquen.
    records a la mj

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  7. Hola Armand,
    soy Jorge de OutdoorActual.com ;
    Me gustaría poder publicar este interesante artículo en nuestra web.
    Obviamente, citando y linkeando al autor.
    ¿Qué te parece?
    Gracias de todas maneras y gracias por invitarnos a reflexionar en este mundo tan veloz.

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  8. Algunos pensarán que se trata de una broma ¡hablar de "ética" cuando hay montones de chapas en las vías! No hay tal broma, detrás de la creación de vías deportivas hay una "ética". Y muy simple: la seguridad y la estética. Es decir vías deportivas lo más bellas que sea posible y equipadas de tal forma que se eviten los accidentes. Quizás muchos escaladores piensen que las vías deportivas deben restringirse a escuelas con vías cortas, cercanas a los núcleos de población. Pero esto, de hecho, no es así.
    Evidentemente hay dos maneras de concebir la escalada. Puedes verla como alpinismo, en que hay riesgos objetivos y subjetivos que deben asumirse. Uno puede matarse o herirse gravemente. Sin embargo el superar las dificultades asumiendo ese riesgo proporciona a algunas personas un conjunto de sensaciones por las que les merece la pena hacerlo. También puedes escalar, minimizando riesgos objetivos y subjetivos, de una forma razonablemente segura. Claramente se trata de unas vivencias diferentes a las del alpinismo pero que proporcionan también grandes satisfacciones. En esta segunda opción uno puede concentrarse en la superación de la dificultad pura de la manera más estética posible. En mi opinión el alpinismo es una experiencia vital que potencia la seguridad en uno mismo, el autocontrol y el valor. Por otra parte la escalada deportiva es una experiencia profundamente estética. Se busca la belleza de los movimientos, las secuencias, las tiradas y de la vía entera. Esto es lo prioritario en la opción deportiva.
    En realidad ambas opciones no se contradicen entre sí. Se puede alternar entre una y otra forma de realizar la escalada. Sencillamente se trata de una elección personal acerca de qué hacer y como hacerlo en cada momento. Es fácil darse cuenta que hay personas a las que arriesgar La Vida por una escalada puede no interesarles nunca o solo en ciertas etapas de su vida. Eso no quiere decir que no deseen escalar en sitios hermosos haciendo vías estéticas. En definitiva: elegir arriesgar La Vida es una opción personal que no se puede imponer a los demás.
    Una observación final: El asunto de como eligen los escaladores realizar sus escaladas, más o menos aseguradas, es una desviación de otro problema ético (sin comillas) verdadero ¿hasta que punto es lícito o ético arriesgar la propia vida, o vidas ajenas, por obtener como único beneficio solo una satisfacción personal?
    En mi opinión el único acuerdo posible entre los escaladores es respetar las maneras de escalar que existen y que están bien establecidas a nivel general y no solo localmente. No hay otro camino. Las acciones de imponer o prohibir serán contraproducentes en este colectivo. Deben respetarse las diversas modalidades de escalada. Así como no ponemos, ni exigimos que se ponga más seguridad en vías de alto riesgo exigimos que se nos deje en paz en las vías deportivas de varios largos.
    Por otra parte la tecnología para eliminar el pulido de las presas está aquí ya. es muy simple y eficaz. Consiste en en un cepillo de dientes y un frasco pequeño tipo colonia o similar lleno de ácido. Dependiendo del tipo de roca se puede usar clorhidrico nitríco o sulfúrico. Para la caliza es perfecto el clorhídrico. Se lanza un poco de ácido sobre el pulido y se pasa el cepillo para extender el producto. Como la roca no es uniforme ni isótropa el ácido se come unas micras de forma irregular devolviendo a la presa su tacto rugoso. Respecto al magnesio deberíamos restringir su uso de forma voluntaria a momentos en que suda la mano o la presa esta húmeda y/o pulida.

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  9. Encantado de leer tu artículo, como dice Carlos más arriba "...destilan lógica y experiencia", gracias por esta clara explicación. Saludos y enhorauena por tu blog.

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