ESCALADAS INTENSAS


Para repetir la mayor parte de los itinerarios que vienen a continuación es necesario mentalizarse previamente, no se trata de ir a entretenirse un rato ni a pasear el material, hay que escalar con mayúsculas y emplearse a fondo. Alguno se le puede calificar de clásico, el resto cuenta con muy pocas repeticiones e incluso con ninguna, un factor que aporta más puntuación y misterio al asunto. Lo seguro es que todos ellos poseen un atractivo especial, una dificultad que no os dejará indiferentes, y una intensa aventura para recordar durante mucho tiempo.




- Para todo ser vinculado plenamente a la escalada, es toda una obligación moral escalar la Visera de Riglos por donde más sobresale. La magia de los Mallos queda plenamente plasmada en este espacio tremendamente desplomado, punto de encuentro internacionalmente obligado por cordadas de toda índole. Si bien la vía Mosquitos es la más frecuentada, a la fin se escabulle por la tangente sin acariciar el extraordinario ambiente que gozan los escaladores deportivos subiendo por su gran rocódromo. Para los más humanos, queda una opción válida que cumple plenamente con el objetivo: El Zulú Demente. Una vía abierta por abajo con coraje y maestría riglera, que acierta en libre la mayor parte del escenario enlazando con el último largo de la Directa. Tras dos largos típicos de panzas, a partir de la R2 una autopista invertida de buenos bolos da forma a un itinerario excepcional, bien asegurado con parabolts, y posiblemente el carril con magnesio más asequible para rematar el objetivo. Máximo obligado de 6b a la entrada de la buitrera (R6), y el resto lo suficientemente mantenido para agotar las pilas sin tregua alguna y con una retirada más que complicada. Reservar energías para el último largo, que a pesar de no ser obligado hay que ganárselo a pulso.




- Rainier Munsch más conocido como Bunny fue uno de los escaladores más destacados por su extensa trayectoria en roca y hielo, claramente contrastada por los que le conocieron y/o tuvieron el honor de encordarse con él. Tenía una especial predilección por su querido Pirineo y conocía a la perfección todas las principales escuelas a ambos lados de la frontera, incluso por debajo de la de Gibraltar. Una de sus preferidas eran los Mallos de Riglos donde había realizado casi todas sus vías. Tras su fatal accidente de montaña se le dedicaron algunas rutas más o menos acertadas en su honor, pero seguro que ésta ubicada en plena fachada del Mallo Pisón, está a la altura de las circunstancias. Una escalada del todo exigente que en pocos momentos da respiro, con solo 3 espits de consolación en 300 m de verticalidad constante, y sobre un terreno variable donde hay que dar la talla y dominar todas las posibilidades para salir con éxito. Por el momento solo se le atribuyen un par de intentos por escaladores franceses.




- La Catalanes a la Sombra en la norte del Pisón es una clara referencia a la vía dels Catalans situada en la cara contraria, disponiendo así de una moderna alternativa estival frente a otra con mucho más solera orientada al sol. Ambas representan un sueño cumplido por unos catalanes siempre celosos de los maños por poseer tales mallos y una escalada tan auténtica como la de Riglos. A la sombra quedan sus 7 tiradas destacando un primer tercio desplomado y laborioso donde hay que dominar la maza, los estribos y una escalada en libre muy sinuosa para alcanzar la R2. Un largo central combinado da paso a una sobredosis de panzas de tal calidad, que incitan a rapelar y repetirlas de nuevo, una gozada. Pero la lógica lleva hacia la derecha para afrontar la recta definitiva por un terreno de menor dificultad, pero más complicado de proteger donde solo aparecen dos espits en cada reunión y poco más. Para repeticiones se recomienda fijar hasta la R2 y con otra jornada concluir la ascensión. Por el momento solo se le atribuye una repetición.




- Tras la apertura de la Revelación y la Directa Manfred sobre el margen izquierdo del pináculo central, quedaba por adivinar la línea más coherente para rematar la proa dominante del espectáculo. La Directa Rusa fue el resultado de la intensa aventura acontecida por un trío enamorado del lugar, que puso todo su ingenio e imaginación para conseguir una de las vías claves de su trayectoria. El resultado pronto fue un reclamo para las cordadas más inquietas que a las pocas semanas aparecieron para repetir la hazaña (no sin darse algún vuelo en la cuarta tirada), reconociendo la belleza y dificultad de un itinerario de concepción vanguardista. Con el tiempo y la aparición de nuevos trazados a su alrededor, se puede prescindir del tétrico L4 afrontándolo por la Superdirecta en A1 o 7a, resultando una combinación más acertada en concordancia con el resto de la ruta prácticamente libre. Por sus características nunca llegara a ser una gran clásica, pero su ascensión queda como un hito representativo de la época, y su nombre para hacer justicia a los Rusos frente a las Directas siempre Americanas.




- La Superdirecta ya tiene sus años pero su trazado resulta ser uno de los más codiciados del pináculo central, sede de las novedades más atrevidas y sorprendentes que ofrece la pared levantina por excelencia: el Peñón de Ifach. Un erosionado mundo negativamente inclinado, donde cabe vislumbrar la vía Anglada-Gallego como el eje imaginario que separa a la izquierda el sector más frecuentado, de otro mucho menos solicitado donde se albergan los itinerarios más selectos a la derecha. De la Superdirecta podemos destacar su gran variedad de pasajes, solo 10 chapas en todo el recorrido y las grandes posibilidades de un terreno agraciado hasta en su trampolín final, la guinda de un pastel bien elaborado siguiendo las pautas de una roca muy particular pero entrañable si se intimida bien. Inicio por la Revelación hasta observar un rastro de plomos a mano izquierda que señalan su penoso comienzo. Rápidamente mejora el panorama con la aparición de las típicas oquedades del Peñón, que facilitan la progresión y las posturas en libre más inesperadas. En la actualidad se repite con el juego de micros y camalots hasta el nº3.




- La vía Albatros es una de esas escaladas de corte bigwalero que se abrieron a medianos de los 80, cuando en el Ponotx aún había mucho terreno por resolver y poca clientela, gracias al boom de la escalada deportiva. La ruta transcurre paralela a la conocida vía de las Hadas, explorando un sector dominado por un consistente desplome que rompe la monotonía y concentra la tirada clave de toda la ascensión. Se trata de un tramo semi-fisurado provisto de pequeños agujeros, donde hay que pitonar invertido con la exposición añadida de haber superado en libre una pequeña rampa. En el transcurso de la segunda ascensión se le añadió un buril para aminorar está expuesta sección, transformando el grado real del itinerario. Por lo demás, se trata de una escalada técnicamente exigente en la que habrá que prestar mucha atención al estado del material existente, después de 30 años y contadas repeticiones.




- Con la exploración del Calderer han surgido una serie de itinerarios muy interesantes que convidan a desviarse del sector central de toda la vida. Uno de los últimos en aparecer ha sido la vía Katana, otra combinación favorable que conquista los tres pisos de la muralla norte en libre de dificultad, especialmente recomendable para los fanáticos del grado en pared. Se trata de una línea fisurada bien definida, que concentra su máxima intensidad en sus primeros largos hasta alcanzar la R6, punto donde se plegan las cuerdas y se trepa hasta el pie de la chimenea que forma la aguja Xevi Puig. Un argumento mucho más clásico lleva de forma lógica y evidente hasta la cumbre principal para colmar románticamente el objetivo. Destacar de todas maneras, que de algunas reuniones podemos continuar por otras vías mucho más fáciles si el grado nos supera. Roca de buena a excelente exceptuando algún paso aislado como a la entrada y salida de R3.




- Quizás sea uno de los itinerarios más míticos de la vertiente norte pues solo se le atribuye una repetición en sus 30 años de existencia, pese a su modesto desnivel con solo tres largos de cuerda, a los que hay que sumarle una salvaje aproximación para alcanzar un pie de vía muy extravagante suspendido en lo alto de un zócalo vegetal. Una discreta fisura rebozada de liquen da forma a una primera tirada que conduce directamente al corazón del frontón y se desvanece misteriosamente. A partir de aquí la danza precaria entra en escena, para solventar todo un largo en artificial donde solo encontraremos unos minúsculos buriles originales repartidos por la vertical que señalan el camino a seguir. La traca final consiste en salir en libre expuesto por un buen muro con escasas posibilidades de protección, hasta ganar la cima de la Miranda de Sant Antoni situada inmediatamente a la derecha del famoso Cavall Bernat. Con la apertura de una ruta que lleva al collado del Cavall, se instalaron una serie de peldaños en los resaltes más significativos de la canal de acceso facilitando en gran medida la aproximación al objetivo.




- La vía Armand-Fredi siempre ha estado una escalada muy selectiva dado su claro aislamiento en el sector más lúgubre de toda la pared de Diablos. Se trata de una línea bien definida en la que encontraremos un discreto número de seguros a completar según las habilidades de cada uno, pudiendo efectuarla en escalada combinada tal como se abrió, o bien en libre tal como marca la reseña actualizada. Al inicio, con la existencia de los originales buriles sin chapa el panorama es bastante desalentador, pero a partir de la R1 la cosa mejora radicalmente con una estética y continuidad palpables hasta alcanzar la R5, punto donde se puede dar por concluida la aventura. Posiblemente sea el itinerario más asequible de grado de toda la pared, pero con la vital exigencia de manejar la maza y los pitones para solventar con garantías unas fisuras no siempre fáciles de clavar, sobretodo escalando en libre.




- La vía Adagio acierta desde su inicio el camino más coherente para conquistar el espolón central de Patriarcas. Solo un corto tramo de artificial desentona una melodía en libre, que mantiene su armonía en todo momento sirviéndose de un terreno de aceptable a excelente según avanzamos. Su arrancada es exigente, hay que afrontar una fisura-diedro muy abierta y vertical saneada en su día donde quizás vuelva a brotar algo de vegetación por naturaleza. A partir de la R1 la película cambia radicalmente y a los pocos metros aparece una afable escalada exterior, que de forma muy oportuna y directa, conduce por el margen izquierdo del espolón al encuentro del diedro más afortunado del eje principal. A la salida de éste, 7 pasos de artificial llevan al definitivo muro donde cortejando su debilidad y elegancia, llegamos a la cima culminante del serrat. Pese a ser una vía rápida e interesante a priori, su marcado carácter y el tramo de pedal solo invita a los asiduos más propensos a las escaladas todo-terreno, que son pocos.




- Anarquía Vertical ofrece toda la gama de pasajes que podemos exigir de una línea muy lógica y evidente desde un principio, pero que hay que ganarla palmo a palmo sin grandes facilidades dada su concepción reacia a la expansión. Todas las tiradas tienen su miga y en pocas ocasiones la dificultad decrece, destacando el L4 como el más trabajoso con diferencia de toda la ruta. Su nombre hace referencia al momento histórico de los años 80 donde aparecieron diversas formas de entender la escalada, tras una penosa transición que enfrentó literalmente a los dos bandos más influyentes: los escaladores tradicionales y una nueva generación vinculada a la escalada deportiva. Como resultado surgió todo un cúmulo de tendencias que solo han hecho que rizar el rizo y confundir al principiante. Esta vía es uno de tantos ejemplos de lo que era la escalada antes del grado deportivo. Desde entonces y para estos casos, apareció una nueva denominación para diferenciarla del resto: Terreno de Aventura.




- La vía Directa aunque parezca un capricho para rellenar el hueco disponible, resulta una línea lo bastante coherente a tener en cuenta que nunca ha cuajado desde que se abrió a medianos de los 80 en pleno apogeo de la escalada deportiva. Una ruta que abandona la Sánchez-Martínez a nivel de la R3, descubriendo una sugerente línea de fisuras que ganan la diagonal principal hasta topar con la Barrufets, punto donde una aérea burilada nos transporta al plano exterior para continuar el evento. Una magnífica placa a equipar en su totalidad (L9) conduce bajo los techos de la Sánchez y aprovecha la variante Hurtado-Carbonell para superar el obstáculo horizontal. A partir de aquí la ruta está prácticamente equipada con buriles hasta la cima, ofreciendo unos largos francamente interesantes y con roca de calidad. Una aventura incondicional de la que no se conocen muchas repeticiones completas, ya que se puede abandonar fácilmente por otras rutas mermando su compromiso.




- La vía Manfred Man es una de esas escaladas que podríamos etiquetarlas de salvajes tanto por su concepción como por el lugar que ocupan. Se trata del eje imaginario que divide la Pared del Aéreo del Serrat del Moro, donde una solitaria pilastra domina un caótico entorno salpicado de canales y selva. La ruta no obstante, evita al máximo la vegetación y descubre las fisuras más representativas que no siempre son fáciles, hasta llegar al pie de la monolítica columna final que resulta la guinda del pastel. Al inicio de ésta es donde hallaremos el tramo más delicado de la vía (A3), hasta que llega el libre y una definitiva línea de buriles que conduce a la R9. Las dos últimas tiradas recompensan los malos ratos pasados con una roca de película, buen ambiente y un final apoteósico. Prever un día intenso. Ruta dedicada a Manfred, un solitario escalador austríaco que rondó por Levante a primeros de los 80, especialmente por el Peñón de Ifach donde dejó profunda huella de su destreza vertical.




- La vía Terminator pese a sus 22 primaveras de existencia, solo cuenta con unas 4 repeticiones confirmadas lo que da una ligera idea del reto plasmado en su llamativo y estupendo trazado. Fue abierto en un par de jornadas cuando lo de abrir por abajo quedó relegado a unos pocos adictos al estilo tradicional frente a la endemia global de la escalada deportiva. Terminator ofrece todo un recital de intuición para alcanzar la arrogante fisura que raya la pared en diagonal, y que tan solo sirve para definir el itinerario sin tregua a añadir más recursos de los existentes. Actualmente el plomo del primer largo es testimonial, por lo que la jugada se solventa colocando algún Alien de consolación. También destacar que la R4 cuenta con tan solo un espit desde el día que se abrió, por lo que puede ser prudente colocar otro al lado o similar. En definitiva, una ruta emblemática que difícilmente llegará a pulirse como tantas otras del Masmut, y que representan nostálgicas joyas de la escalada del siglo pasado.




- Después del éxito de la vía Terminator, aparece justo enfrente una réplica para seguir con la saga de escaladas intensas donde hay que emplearse a fondo. Reanimator es una ruta menos expuesta pero mucho más exigente técnicamente, donde hay que dominar la progresión artesanal mediante fisureros y clavos estratégicamente acuñados. A parte de toda la gama imaginable de pasajes en libre, encontramos algunos tramos de artificial laboriosos donde hay que esmerarse para resolver un trazado que recurre a la lógica en todo momento y con pocas expansiones de consolación. La tirada clave presenta un diedro rojo con fisura semi-ciega (A3), en la que serán muy útiles las falcas para subir con solvencia ante otros artilugios mucho más modernos. Por el momento se desconocen repeticiones, cosa normal en un lugar donde el personal va a forzar en libre, o a repetir alguna de las grandes clásicas que ofrece esta entrañable escuela turolense.




- Las paredes de Comiols nunca han llamado la atención pese a su cómodo acceso y considerable altura como bien se aprecia transitando por la carretera de Artesa de Segre a Tremp justo al pasar el puerto del mismo nombre. La vía Club Paraíso fue la primera en cortejar el muro más llamativo de toda la muralla, descubriendo una ingeniosa línea en conglomerado siempre de calidad, cuya concepción con solo 7 espits de protección la marginó rápidamente. Solo hay que decir que existe una alternativa más moderna a su izquierda, que cuenta con una dificultad parecida y nada menos que 60 parabolts, para superar un espacio similar pero sin duda mucho más solicitado a priori. Una tendencia "in crescendo" que corrobora el poco oficio existente por consolidar la vieja usanza de no perforar combinando las posibilidades del terreno con la destreza personal, y otra muestra más del desfase entre la escalada ética y la de consumo, aparecida últimamente distorsionando los valores fundamentales de la escalada de toda la vida.

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